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lunes, 31 de octubre de 2011

ANÁLISIS DE LOS ANÁLISIS

Fernando Pinto Cebrián

Tras el “último” comunicado de la organización terrorista ETA han llovido y siguen lloviendo los análisis de situación; análisis de políticos de todo color, periodistas, asociaciones de víctimas, contertulios, y gente de la calle, que, en su conjunto, podemos agrupar inicialmente en los tres siguientes grupos:

1. Los optimistas
2. Los dudosos
3. Los pesimistas

Los primeros son aquellos que se alegran de que los terroristas abandonen las acciones violentas definitivamente, de su derrota a manos de la democracia, dejando de lado en ese momento los condicionamientos que ETA impone cara al presente y al futuro.
Éstos a su vez se dividen en:

1.1. Los optimistas conscientes: aquellos que piensan que se ha ganado algo fundamental pero que queda mucho para terminar y poder vivir olvidando definitivamente los sufrimientos pasados.
1.2. Los optimistas inconscientes. Los que sólo se fijan en lo logrado y creen que ya está el proceso acabado, que los proetarras y la misma ETA claudicarán de sus exigencias finales ante el peso de la democracia y su justicia, entregaran sus armas, se hará justicia y pedirán perdón a las víctimas.

Los segundos, fijándose más en tales condicionamientos, piensan que no está todo ganado, que cabe la posibilidad de que todo sea un engaño más de la organización terrorista y se abren tanto a la línea optimista como a la pesimista. Éstos se dividen a su vez en:

2.1 Dudosos desinformados: se basan en informaciones pasadas y otras ahora manipuladas que les llevan a concebir que todo es siempre una “tregua trampa”. Se acercan a los pesimistas.
2.2 Dudosos relativos: aquellos que, sólo en el caso de que se confirme en el tiempo la falta de actividad de ETA y siga activa la lucha contra terrorista y la aplicación de la justicia, se aproximan a los optimistas.

Los terceros dan por hecho sin ninguna duda que todo es un teatro para ganar poder político y reorganizar la organización cara a la posibilidad de volver a la acción. No creen por tanto a ETA. Éstos a su vez se pueden clasificar en:

3.1. Pesimistas cerrados: No les vale ninguna opinión positiva por muy razonada que sea. Lo dicho por ETA no vale para nada y hay que seguir hasta la derrota final.
3.2. Pesimistas vengativos: aquellos que consideran que hay que derrotar a ETA sin perdón alguno hagan lo que hagan. Hacerles desaparecer en suma.

Ciertamente estas clasificaciones no son determinantes, no están cerradas, cualquiera puede añadir o quitar, pero lo que si manifiestan en todo caso es la idea de que falta unidad entre los demócratas sobre el camino a seguir de ahora en adelante y que tal falta hace un flaco servicio a la democracia.

Unidad que, a pesar de algunas voces discordantes, debe mantener inamovible puntos tales como:

1. No admitir presiones de los terroristas a la democracia.
2. Desaparición de los terroristas sin condiciones
3. Ajuste de sus actos con la justicia
4. Entrega de la totalidad de sus armas y de sus apoyos logísticos de todo tipo
5. Estudiar caso a caso la situación de los arrepentidos y su integración en la democracia
6. No dejar de lado la reparación a las víctimas
7. En ningún caso emplear el terrorismo como arma política
8. Alcanzar la sintonía entre los partidos políticos y la sociedad
9. Seguir con las actividades concernientes a la lucha contra el terrorismo
10. Claridad meridiana en cuantos pasos se den desde el Gobierno

Y así, desde lo positivo que la situación aporta ahora, ya veremos…

martes, 18 de enero de 2011

PARA QUE HABLAR...

Fernando Pinto Cebrián


Ante tal insulto a nuestra inteligencia no hay nada de que hablar…

Los terroristas saben exactamente lo que tienen que hacer.
En la actual situación, toda la población, vasca o no vasca, da igual, sabe, y lo confirma constantemente, lo que ineludiblemente tiene que hacer el “complejo terrorista” de ETA.

Para que hablar de “lucha armada” cuando, tal concepto, inexistente fuera de su trasnochado y equivocado pensamiento, no ha sido nunca aceptado por una sociedad que sólo se defiende democráticamente de la acción violenta de unos antidemocráticos insociables.

Para que hablar de “alto el fuego” cuando, salvo en su mente enferma, no hay “conflicto armado” y si la acción de unos brutales asesinos.

Para que hablar del carácter “permanente y general” del mismo cuando resulta siempre engañosa su aplicación.

Para que hablar de la posibilidad de ser “verificable internacionalmente” cuando la única verificación admisible para una sociedad cansada por sus asesinatos es su entrega a la justicia nacional.

Y, para que seguir hablando, cuando lo que quieren es sembrar dudas entre los demócratas cara a unas próximas elecciones.

Sólo habrá que hablar el día en que los encapuchados, con boina o sin ella, hablen a cara descubierta de su entrega a la justicia y de la petición de perdón a sus víctimas…

Hasta entonces, PARA QUE HABLAR ahora.