viernes, 27 de febrero de 2009

SOBRE EL FINAL DE LOS TERRORISMOS (breves observaciones)

SOBRE EL FINAL DE LOS TERRORISMOS

(breves observaciones)

Fernando Pinto Cebrián



Toda sociedad que no apruebe la violencia, venga de donde venga, empleada como justificación para el alcance de intereses grupales, quiere que el terrorismo, cualquiera que sea su origen, desaparezca de su vida.
Asimismo, todo grupo terrorista, sea cual fuere, justificando su violencia impositiva, no quiere desaparecer de la vida de la sociedad que les sufre hasta alcanzar sus objetivos (y luego ya veremos).
Planteamiento simplista: aquel de dos grupos sociales enfrentados, uno poniendo las víctimas, otro poniendo los verdugos.
La resolución del problema también se suele plantear de igual manera: para los primeros desaparición-éxito/mantenimiento-fracaso, para los segundos desaparición-fracaso/mantenimiento-éxito.
Sin embargo el asunto es bastante más engorroso en la complejidad del pensamiento-acción de cada una de las partes.
Si no fuera así, los terrorismos en las condiciones adecuadas desaparecerían y, sin embargo, se enquistan en la sociedad (nacional/internacional) en la que actuan.

Aspectos clave entonces a dilucidar: cuales son las condiciones adecuadas para su desaparición evitando tal enquistamiento.

¿Condiciones?, cada caso particular tiene las suyas pero las generales a particularizar son conocidas de experiencias anteriores:
. Unidad a todos los niveles de la sociedad que sufre el problema.
. Aislamiento social y político de los terroristas y afines.
. Comprensión por los terroristas de la futilidad de sus objetivos.
. Disolución de los terroristas y absorción social de los afines.

Entonces ¿dónde está la dificultad?
Principalmente se encuentra en aquellos inconvenientes que frenan la posibilidad de revertir una voluntad hostil, y más cuando ésta se recluye en si misma, aprisionando a sus seguidores, y se expande de forma cerrada dentro de la bolsa del quiste social que supone su entorno.

Y ¿cuales son tales inconvenientes?
En principio, es la misma bolsa quística la que no deja entrar fácilmente aquellas razones que desmontan las suyas, aquellas que justifican su violencia.
Pero también hay otras “ayudas” a la continuidad del problema:
. Las dificultades que algunos, desde el nivel político y desde las partes sociales que le apoya, plantean al logro de la necesaria unidad de acción en torno al Gobierno y sus instituciones para resolver el problema. Unidad que debe ser avalada por la mayoría de la población evitando así que la política antiterrorista pueda ser obstruida por opiniones divergentes.
. Las diferencias existentes entre los políticos que quieren soluciones ahora (objetivos próximos a alcanzar en su mandato) y la de los técnicos antiterroristas (metas lejanas) que saben bien que el problema requiere su tiempo.
. La dificultad que algunos políticos tienen a dejarse asesorar por los técnicos en la materia, y aquella debida a la tendencia “política” a cambiarlos en cada mandato (el trabajo se abre así de nuevo con todas las rémoras de un nuevo inicio y nuevos planteamientos).
. La incomprensión desde el nivel político del verdadero alcance social del problema en la toma de decisiones. El tiempo acumula cambios emocionales, perturbaciones estructurales, que hacen que las medidas correctoras puestas en marcha no funcionen de la forma deseada. No es lo mismo un terrorista (y su entorno) de ahora que uno de hace veinte años.

Es necesario repensar, aprender de la experiencia propia y de la de otros, dejar hablar a los pensadores honestos y no encerrarlos en la mezquindad del "experto" (político o técnico) que siempre intenta tapar la boca a los demás con un “sobre eso está ya todo escrito”…
Si no corregimos estos problemas (y otros derivados no apuntados aquí), conviviremos, por tratamiento inadecuado, y no durante poco tiempo, con uno o más “quistes” terroristas en nuestro cuerpo social.

miércoles, 14 de enero de 2009

RAZONES/SINRAZONES DE LA OPOSICIÓN A LA "ALIANZA DE CIVILIZACIONES"

RAZONES/SINRAZONES DE LA OPOSICIÓN A LA “ALIANZA DE CIVILIZACIONES”

Fernando Pinto Cebrián


Toda ayuda para la resolución de los conflictos, armados o de cualquier otro tipo, haría válido el intento, a sumar con otros posibles, de una alianza entre las civilizaciones de este mundo tan incivilizado.
Y cada vez se hace más necesario, no hay más que asomarse a la ventana internacional.
Sin embargo hay opositores. No sólo a su aplicación sino incluso al intento de iniciar la misma.
¿Razones? ¿Sinrazones?

Veamos:

. Hay quien, sin saber de ella más que el nombre, considera tal tipo de Alianza inaplicable, por razón del origen que la plantea.
. Hay quien también así la considera por seguidismo al grupo que se opone a la misma.
. Hay quien evita hablar de tal Alianza por no tener razones contundentes para oponerse a ella.
. Hay quien, agrupando lo anterior, se dedica a la propaganda negativa y pesimista de la alianza por miedo a que aquella se desarrolle y sea un éxito para aquellos a los que se oponen.
. Hay quien afirma su inviabilidad por razones históricas (dicen que ya en el pasado se intentaron tal tipo de alianzas y que a la larga no funcionaron), desconociendo que los acontecimientos históricos del pasado son irrepetibles por razón de desigualdad de tiempo, espacio y protagonistas.
. Hay quien la considera, desde la “superioridad” de su civilización, una claudicación ante otra u otras inferiores.
. Hay quien considera que no se debe ceder nada a las otras civilizaciones y que, en todo caso, aquellas deben adaptarse a la suya.
. Hay quien la considera negativa por dar opciones de paz a un enemigo al que hay que derrotar sólo con las armas.
. Hay quien toma la Alianza como gesto de debilidad y, por lo tanto, fuera de lugar.
. Hay quien considera la Alianza imposible en el contexto referencial del “ojo por ojo y diente por diente”.
. Hay quien considera que la aplicación de la Alianza tiene un precio que no se debe pagar.
.Hay…

Planteamientos, respetables si, pero nacidos de la negatividad.
Planteamientos interesados que no quieren dar opción a cualquier posibilidad optimista, ni siquiera al intento siguiendo el dicho de “que todo (incluso el intento de tal alianza) es bueno para el convento (la búsqueda de la paz)”, en combinación con aquel otro de que “todo suma”.

Y mientras tanto, “el hombre sigue siendo un lobo para el hombre”…
Miremos ahora mismo a nuestro alrededor, cuando las noticias de sangre alcanzan los medios de comunicación, y después hablemos de si merece la pena o no tal intento.

sábado, 20 de diciembre de 2008

PROPAGANDA TERRORISTA


PROPAGANDA TERRORISTA

Fernando Pinto Cebrián


Hace tan solo unos días se difundió la “noticia” de que Al-Qaeda declaraba a España, una vez más, país objetivo.
Y, también una vez más, los comentaristas apuntaban que su conocimiento alertaba a las fuerzas de seguridad sobre la posibilidad de atentados.

Nada nuevo aunque se tenga constancia de un aumento cuantitativo (constatación importante) de las declaraciones de amenaza.
Para Al Qaeda, España es ya objetivo permanente se envíen o no tropas a países musulmanes en conflicto, la recuperación de Al-Ándalus da tal carácter al territorio español

De todas formas, el video de Al Qaeda no deja de ser mera propaganda terrorista: un permanente intento de demostrar su existencia y justificar su violencia con el objeto de que los medios de comunicación, con su difusión, contribuyan a formar una idea de quienes son, de sus ideas, de que es lo que quieren, de su capacidad y de sus posibilidades (en muchos casos sobreestimadas), al tiempo que tratan de producir alerta social y hostigar a las fuerzas de seguridad con la posibilidad de un próximo atentado. Buscan que la reacción ante sus comunicados sea excesiva por parte de todos los que pueden ser sus víctimas, por eso emplean la técnica de aplicar ruido, mucho ruido…

Ruido propagandístico que emplean, básicamente, en dos direcciones concretas, sea el terrorismo nacional o internacional:
1.- sobre los atentados realizados
2.- sobre las amenazas (futuros atentados a realizar)
En algunos casos al 1 se suma el 2.
Y en ambos, siempre está presente la “justificación” sobre lo hecho y sobre aquello por hacer y, al mismo tiempo, el ensalzamiento de su grupo e ideas tratando de levantar la moral a sus seguidores y acólitos, de enardecerlos para que actúen y, asimismo, minar la voluntad de sus “víctimas”.

En algún caso, pueden sorprender, pero cada vez lo harán menos si la difusión de su propaganda es la justa y si sobre ella se hace la crítica adecuada y oportuna.
Bien se sabe que tal tipo de manifestaciones, aunque se analicen en profundidad, no suelen aportar mucha información sobre los terroristas. Sin embargo no se echan en saco roto por su posible acción catalizadora sobre los terroristas apáticos o dormidos.
De todas formas, lo realmente interesante para que la sociedad no se alarme en exceso es saber que las fuerzas de seguridad trabajan en continuidad creciente, hora a hora, día a día,…, y que nunca lo hacen al compás de los comunicados terroristas, ya que siempre intentan estar por delante.
Lo importante es lograr que los violentos nunca marquen las pautas, los métodos, los tiempos,…, de un trabajo, el contraterrorista, que busca siempre frustrar sus acciones antes de que se produzcan, incluso aquellas de la emisión de su propaganda.
Y es que ésta, además, puede ser una vulneralibilad para el grupo terrorista que la emite por desvelar la permanente incoherencia y falsedad de sus planteamientos.

domingo, 30 de noviembre de 2008

GLOBALIZACIÓN, GLOBALISMO Y GLOBALIDAD


GLOBALIZACIÓN, GLOBALISMO Y GLOBALIDAD


Fernando Pinto Cebrián


El “Imperio” del Oeste ha renovado su jefatura y se habla de cambio con derivada “global”. Un “Imperio” que se dice necesitado de transformaciones, tal vez porque se ha dado cuenta (no se si ahora) de su declive “global”.

Desde allí se nos habló mucho antes de la “crisis o del fin de la historia”, de “los últimos días del presente”, del “pensamiento único” de la “mundialización o globalización”, de la “aldea global”, etc. En definitiva, de los profundos cambios que, sobre la concepción del mundo, tales ideas dispersas en el ámbito mundial (¿a propósito?) producirían.
Los debates sobre tal concepción, entre los partidarios de la “globalización” y de la “antiglobalización”, no se hicieron esperar, y aún hoy nos siguen persiguiendo acentuados con el catalizador de una crisis económica/financiera “global”.
Unos deseaban y propiciaban tal “globalización”, otros la rechazaban y trabajaban en su contra, mientras que los indiferentes observaban.
Los primeros, eran los “descubridores” de la panacea a sus planteamientos “mundializadores”.
Los segundos, dándose cuenta de la presión “globalizadora” unidireccional en el terreno económico y de algunos de sus presuntos efectos negativos (desequilibrios económicos, desigualdad e injusticia social, limitaciones políticas, etc.), plantearon una “antiglobalización” que, unificada sólo en cuanto a la necesidad de escapar de alguna manera a aquella, intentaba al mismo tiempo compensarla con el añadido de unas “globalizaciones” específicas: cultural, política, de aplicación de los derechos humanos,…, dando lugar realmente, desde la “antiglobalización”, a una “globalización” multidireccional.
De todas formas, no hay que engañarse, la “globalización” no es un fenómeno nuevo. Lo “global”, la “globalidad” en el sentirse “ciudadano del mundo” conviviendo con las diferencias, ha sido una constante en la historia de la humanidad al compás de la aproximación entre los pueblos por medio de su economía (sobre todo), de su hacer político, de las guerras, de su cultura, de sus costumbres, etc., y, además, aunque le pese al poder mundial (o los presuntos poderes mundiales), es un fenómeno sobre el que los “terrícolas” de a pié no tienen posibilidad de decisión. Está ahí, más o menos oculto, y aparece o desaparece según los impulsos de los Estados “globalizadores” sobre los otros, los constituidos en terreno a “globalizar”. Lo que ocurre hoy es que hay una serie de catalizadores que acentúan su presencia: fundamentalmente la rapidez de comunicación de la información y de desplazamientos.
A lo largo de la Historia, han aparecido Estados que, por su poder político, económico, militar,…, fueron capaces de influir en el entorno internacional, creyendo que sus valores y su forma de vida deberían ser adoptados por los demás, y, asimismo, de crear una teoría-ideología al respecto (la suya, claro está): el “globalismo”, con la que construir su “globalidad” (y todos contentos).
Eran los Estados (o el Estado) con poder director de “globalización”. Estados con la posibilidad de generar tensiones entre ellos y sus seguidores por la asunción de tal poder.
A ellos se unieron otros convencidos de los beneficios de tal “globalismo” y actuaron, interesadamente, como repetidores pasivos y activos de su expansión y/o aplicación, pero con la posibilidad de mantener cierta autonomía para poder aceptar o rechazar algunas partes de la teoría “globalizadora”, siempre y cuando no creara conflictos al “director”.
Eran los Estados de poder medio en la “globalización” que podían verse arrastrados hacia las tensiones de los mayores
Otros, sin autoridad alguna, fueron el terreno en el que se jugaba la “globalización”, sobre todo la económica.
Eran los Estados sin poder de “globalización”, y muchas veces sin poder de “antiglobalización”.
Y ahora, en un mundo así repartido (con variaciones lógicas por el correr del tiempo), la “globalización” y la consecuente “antiglobalización”, siguen adelante.
Ambos fenómenos continúan presentes en base al supuesto de que la “globalización” une y al mismo tiempo separa, pero que si sabemos evitar aquello que disgrega podremos alcanzar la “prosperidad global”.
Ideas en tal sentido, tanto a favor como en contra, todas
El ex Presidente Clintón apuntaba en Madrid (Conferencia en la Fundación Rafael del Pino, 2001) que “lo importante no es si la globalización seguirá adelante, sino de que manera lo hará”. Su globalización, por supuesto económica, en la que expone con claridad los tres Estados expuestos: el director, el asumidor y los que hay que globalizar, para que funcione ha de "implicar a todos los países” amigos, ya que “si no trabajamos juntos, nunca venceremos a nuestros enemigos”.
Bien.

¿Y en la actualidad? ¿Habrá cambios tras aquel apuntado al comienzo? ¿Habrá, como primer paso, una “desglobalización” de la economía “globalizadora” anterior? ¿Nacerá una nueva “globalización” económica que tenga en cuenta los errores cometidos? ¿Se escucharán las voces de los “antiglobalizadores” y de los “globalizados” a la fuerza? ¿Se caminará hacia una “globalización” completa, uniendo lo económico a los demás aspectos de la sociedad global?...
Difícil encontrar respuestas desde el pesimismo actual, sobre todo cuando la prioridad de resolución de los problemas económicos se conjuga con otros frentes en los que también es necesario intervenir: guerras, terrorismo “global”, fracturas en el Derecho Internacional, en la Convención de Ginebra, en los Derechos Humanos, recuperación de la diplomacia pacificadora, y un largo etcétera.
Veremos.

martes, 28 de octubre de 2008

En recuerdo de mi amigo




En recuerdo de mi amigo


Fernando Pinto Cebrián

Hace unos días vi como desmantelaban la casa de mi viejo amigo.
Ya un anciano, aún está en este mundo viviendo, no se de que manera, separado de su hogar…
No se como, porque adoraba su garito, tal como él decía…
Una pequeña habitación “residencial” le acoge de momento.
Y ahora sus hijos, después de que firmara la pertinente autorización, lo han vendido.
Mi amigo ya no podrá regresar a lo que le quedaba de lo suyo, de lo que creó para su mujer, que ya le espera, y para sus hijos.
Todo el mundo contento. Era la solución, a no se que, se dice…
Se puede considerar que aquellos están ahora en fase creativa, ¿pero desmontar en vida lo que su padre aún querría ver…?
Da una pena horrible, porque se que estaba orgulloso de su lar, de que quería volver allí a ver una vez más los recuerdos que le quedaban, porque se que prefería morir allí antes que en una habitación desconocida,…
Lo había repetido insistentemente en muchas ocasiones…
Era un hombre de carácter, pero su autoridad ahora está limitada por su dependencia…
Al final, ¿será verdad aquello de “cuida a tus hijos porque ellos elegirán tu residencia? …
Cada caso es diferente y es difícil a veces ajustar la realidad a lo pensado.
No nos hagamos mala sangre, que no nos invada el pesimismo, hay que vivir contando con que no siempre es así, que el respeto de los menores en edad, dignidad y gobierno por los mayores existe…
Siempre se nos ha dicho, y ellos lo saben:
No pidas caridad si no tienes piedad.
No pidas amor si no sabes darte.
No pidas entrega si eres egoísta.
No pidas bondad si no sabes perdonar.
No pidas pureza si estás lleno de suciedad.
No pidas obediencia si no obedeces.
No pidas…
Pero, en la realidad, las respuestas en ocasiones no encajan…
Y por eso no está de menos ser previsores en la consideración de que “criar cuervos es hacer el gilipollas porque ponen menos que las gallinas”…
Y la impotencia me invade cada vez que le visito…
Adiós viejo amigo.

martes, 23 de septiembre de 2008

POLÍTICA Y TERRORISMO ("menos ruido y más nueces")


POLÍTICA Y TERRORISMO

(“menos ruido y más nueces”)

Fernando Pinto Cebrián


Dejemos a un lado las posibles causas políticas, reales o creadas, por así llamarlas, del terrorismo, de su visión política, por así llamarla, desde sus intransigentes posiciones, de la manipulación de grupos afines para su participación en la acción política, si así la llamamos, como complemento a la violencia,…
Esa, en su conjunto, es, en su caso, otra política.

Aquí y ahora, la breve reflexión que exponemos alcanza sólo a la POLÍTICA, aquella referente a las actividades de un Estado y su Gobierno, y a las propias de los diferentes grupos políticos en un sistema democrático sin abusos de poder.
Y más en concreto, a aquella que, desde el lado contrario, desde el terreno antiterrorista o contraterrorista, se enfrenta al terrorismo, en algunos casos cronificado, buscando dar la respuesta más adecuada a su violencia.

Pero lo simple se hace complejo cuando consideramos que un Gobierno está constituido por políticos, en ocasiones de diferente ideología aunque alguna predomine.
Un Gobierno que cuenta con unos apoyos, puntuales o no, que ha de estar atento a una oposición más o menos virulenta dependiendo de la ocasión, y vigilante a la posible aproximación interesada a la vida política de grupos afines a los terroristas.

Así, acercándonos a la realidad, variable según países, regiones y localidades, nos encontramos con multiplicidad de políticos diferentes, más o menos unidos o desunidos ante las múltiples interpretaciones y aplicaciones de la POLÍTICA.
Y así se puntualiza la POLÍTICA del momento.
Una POLÍTICA conformada por varias políticas.
Una POLÍTICA que busca el consenso y la unidad de acción en cuanto posible para seguir la dirección que el Gobierno de turno considera acertada en la creencia de que la sociedad se lo demanda.
Una POLÍTICA conformada por aciertos y errores, al compás de acuerdos y desacuerdos políticos, del logro o del fracaso en la búsqueda de soluciones a los problemas de la sociedad.

Muchos Gobiernos saben lo difícil que ha sido en ocasiones consensuar la unidad política contra el terrorismo y que tal cuestión haya alcanzado la consideración de “problema de Estado”.
Y saben también de las dificultades, una vez logrado tal acuerdo, de su mantenimiento por encima de los intereses y objetivos políticos partidarios, los suyos y aquellos de los demás.
Y traslademos lo nacional al terreno internacional, donde también hubo y hay dificultades de entendimiento.

¿Porqué las decisiones al respecto no se toman de común acuerdo (que no debería ser difícil) entre todos los partidos y no sólo por unos pocos?
Si la dirección corresponde al Gobierno ¿Porqué algunos sólo apoyan si se hace únicamente lo que ellos plantean?
Las fallas de memoria, con la mezquindad política propia del que olvida, resultan en muchas ocasiones más que evidentes.
El “papel mojado” circula en múltiples direcciones políticas.
Y entonces la sociedad que creía en los políticos, aquellos en cuyas manos habían colocado la resolución del problema se resiente.

La impotencia y la desconfianza hacen su aparición.
Y sólo el aumento de los daños terroristas, el aumento del número de las victimas, parece reconducir momentáneamente la situación.
Lamentablemente, sólo así, por un corto periodo de tiempo, reaparece el necesitado consenso.

Ya “llueve sobre mojado”.
Las repulsas y los gestos condenatorios de cualquier tipo…, aún siendo necesarios como señal de identidad y de unidad, ante las actitudes anteriores y posteriores de algunos políticos y sus partidarios, resultan huecos, vacíos, palabrería vana,…
Ante la sociedad, por su repetición propagandística, la falta de acuerdo, las críticas y acusaciones mutuas, parecen falsos, sin fuerza para ayudar a la resolución del problema…
Y llegan a cansar…
Y no digamos nada si la prensa, olvidando que el terrorismo es “problema de Estado” acentúa la tensión política y social a cada momento.
Menos mal que la eficacia de los cuerpos y fuerzas empleados en la lucha contra el terrorismo, a pesar de algunos intentos de manipulación partidaria, de algunos desconciertos provocados…, apuntan generalmente en la dirección correcta.

¿Soluciones?
Hay que ser optimista, ¡todo se arregla!
Inicialmente sería bueno plantear una POLÍTICA contra el terrorismo en la que creamos todos.
Y si hay disensiones (que no faltarán), ¡por favor!, hacerlas en privado.
¡Basta de utilizar el problema como “arma arrojadiza en el debate político”!
¡Basta de batallas políticas que sólo benefician a los terroristas en sus planteamientos de división!

En resumen: "menos ruido y más nueces".

domingo, 24 de agosto de 2008

"Dioses Falsos" (Reflexionando)


“DIOSES FALSOS”

(Reflexionando)

Fernando Pinto Cebrián


Sí, “dioses falsos”.
Existen.
Los podemos encontrar por doquier, en todos los espacios y ambientes.
¿Quién no ha conocido alguna vez a algún “endiosado”?
¿Y quien no se ha “endiosado” en algún momento?
Unas veces son sólo individuos sin más proyección que la que alcanzan sus relaciones, otras grupos de “dioses”, de presión, entidades, y hasta instituciones.
No todos se afirman como “dioses”, pero si, en general, como “líderes”.
Y pueden llegar a ser peligrosos si no se les detecta a tiempo.
Y lo son por su afición malsana a la manipulación desde una posición, que no se corresponde con su realidad, de aparente o de manifiesto poder.
Ganan nuestra confianza, confunden con tintes de sabiduría nuestro entender, minan nuestros conocimientos y nos llevan a conclusiones que sólo a ellos o a su grupo de “deidades” les interesa.
Y encima, muchas veces desde una inconsciencia que nos ha sido preparada, les damos incondicionalmente nuestro apoyo.
Son creadores de estereotipos, vendedores de ideas que, “madre” o “base” de sus interesados planteamientos, introducen en la mente de aquellos que los “deifican”.
Son aquellos (o aquellas) que han creado especies tales, mentiras universales, tan afirmadas en algunos, que formando parte de la sustancia gris de la sociedad, hace difícil cualquier cambio fuera de su imaginación.
Aquellos que nos convencen de que nada puede cambiar porque las cosas son así, tal y como ellos las dictan o que es mejor cambiar, como ellos digan, para que nada cambie.
Aquellos que nos engañan con falsas proyecciones en nuestro trabajo mientras por la espalda nos aplican un “mobbing” de manual.
Aquellos que apartan las voces de la experiencia alegando la necesidad de la frescura de la juventud (en principio más fácil de manipular).
Aquellos que nos hablan desde unos “principios” que nunca explican.
Aquellos que dictan reglas morales desde su amoralidad.
Aquellos que creen que sus ideas y las de su grupo, el que fuera, son las únicas viables, considerando las de los demás equivocadas.
Aquellos que desde una aparente naturalidad nos “venden la moto” por un voto.
Aquellos que afirman que la política es el “arte de lo posible” pero sin contar con la sociedad.
Aquellos que afirmados en la unilateralidad aplican siempre la justicia a su favor.
Aquellos que hablan de tolerancia desde su intolerancia.
Aquellos que se ríen de la tolerancia de los otros.
Aquellos que nos venden al otro, el que sea, olvidando su propia “otredad”, como enemigo a batir.
Aquellos que siempre critican a los demás y no agradecen ser criticados (ni siquiera saben de autocríticas).
Aquellos que atizan a propósito el rencor antes que la reconciliación desde el justo y pactado “olvido” desde las partes.
Aquellos que gastan las riquezas nacionales y el dinero de los demás engañando con “chorradas” que no resuelven problemas.
Aquellos que despilfarran y saquean las arcas que controlan, exigen regalos de lujo, y lo justifican con razones espúrias desde su intocable “deidad”.
Aquellos que hablan del hambre y demás carencias en el mundo y luego se atiborran de irresoluciones.
Aquellos que nos venden la inmigración como un peligro nacional.
Aquellos que plantean falsas lealtades raciales y/o religiosas desde una falsa superioridad y no creen en las posibles “alianzas de civilizaciones”.
Aquellos que aparentando comprender las diferencias sociales de todo tipo avivan el fuego de la división.
Aquellos que permanecen agazapados para asaltarnos con dudas en nuestras decisiones y llevarnos a sus “irreductibles” posiciones.
Aquellos que discuten la violencia de género desde impresentables posiciones machistas enmascaradas.
Aquellos que encuentran la solución a la violencia sólo con la destrucción dejando de lado las posibilidades que, con oportunidad, abre la palabra.
Aquellos que prefieren siempre la revolución a la evolución, pudiendo contar con las dos.
Aquellos que manipulan la globalización.
Aquellos que hablan de inexistencia de la crisis ambiental y de exageración en las medidas a aplicar como corrección.
Aquellos que nos vuelven a asustar con el renacer de la “guerra fría” (que nunca dejó de estar presente) apartándonos conscientemente del conocimiento de la existencia de un número cada vez mayor de pequeñas guerras olvidadas (nunca lo son para quienes las sufren).
Aquellos que no quieren borrar los “paisajes” que crean las guerras para seguir manipulando la paz.
Aquellos que presentan interesadamente la paz como una utopía.
Aquellos que tratan de manipular y controlar la sociedad, incluso la global, con la falta de información y la exageración de los peligros que nos aquejan.
Aquellos que, en suma, no recuerdan (ni saben seguramente) nada de la historia o creen en su final, estando condenados a repetirla arrastrando, desde su falsa “deidad”, a sus “fieles”.
Aquellos que nos empujan a “endiosarnos” en nuestras posiciones en su contra.
Aquellos que… (Lógicamente, cada lector puede añadir o suprimir los que quiera)

Y no está mal, porque sin ellos, con sus errores y aciertos, que también los tienen, no existiría la sinergia acción-reacción (esta última, como oposición, tampoco escapa a los “endiosamientos”) y, como consecuencia, no se podría avanzar en la vida.
Sin embargo resulta muy conveniente no creer a “pies juntillas” en todos los “dioses falsos” que seamos capaces de identificar.
¡Ojo con ellos!, sobre todo con aquellos que patológicamente quieren coartar nuestra libertad, impedirnos razonar e incluso soñar.