jueves, 26 de junio de 2008

TERRORISMO DESDE FUERA. TERRORISMO DESDE DENTRO


TERRORISMO DESDE FUERA. TERRORISMO DESDE DENTRO

(Un esquema de la relación entre la razón y la sinrazón)

Fernando Pinto Cebrián


Algunos autores, entre ellos el profesor Walter Laquer, en suma a sus estudios específicos (organización, finanzas, información, logística,…), abordaron también el terrorismo atendiendo a la visión-interpretación que de tal cuestión tuvieron diferentes observadores-analistas de tal tema, fundamentalmente en cuanto a la interrogación de sus motivos.
Asunto difícil de generalizar por cuanto el fenómeno terrorista se presenta diferente según tiempos y las situaciones políticas, económicas y sociales (sin olvidar las religiosas) que le corresponden.
Según el autor citado: el problema del terrorismo es complicado y lo que puede decirse, sin temor de verse desmentido, acerca de un grupo terrorista en un país no tiene en absoluto por qué ser cierto en relación con otros grupos en otros tiempos y en otras sociedades.
Problema que, desde hace tiempo, ha empujado a políticos, historiadores, sociólogos, filósofos, moralistas, analistas, documentalistas e incluso escritores (novelistas, dramaturgos,…), con mayor o menor rigor, con mayor o menor acierto, a la búsqueda de los datos necesarios para resolverlo
Así, en general y al margen de interrelaciones, unos buscaron desde fuera y otros desde dentro del terrorismo.
Unos desde el lado de las víctimas (directas o indirectas) y de la sociedad que las acoge.
Otros intentando situarse, con mayor información o no al caso, en el lado de los agresores, de los violentos, de los asesinos y de sus organizaciones (en este grupo pueden también aparecer terroristas y ex terroristas cuyas aportaciones, salvo que fueran “arrepentidos” verificados, se han de quedar en el terreno de la mera propaganda justificativa de lo injustificable).
Planteamientos coherentes en cuanto que producen elementos para entender el fenómeno terrorista con mayor o menor acierto, pero que muchas veces, unas por falta de rigor y otras de profundidad, quedan en el terreno de lo particular, de lo anecdótico, de lo imaginado (novelizado, teatralizado,…), anticuadas en el tiempo y fuera del terreno cualificado de los expertos en la lucha contra el terrorismo, sea en términos de los general o en el específico de un grupo terrorista concreto.
De todas formas “todo es bueno para el convento”.
Sin embargo, para evitar ensimismamientos en la razón del primer lado e impedir falsas heroificaciones en la sinrazón del lado contrario, se han de tener muy claras las relaciones que el problema terrorista y la oposición al mismo crean en atención a la sociología particular de cada grupo.
El planteamiento puede parecernos “maniqueo”, sin embargo, la separación radical entre víctimas y terroristas, entre contraterrorismo y terrorismo, imprime de forma ineludible tal carácter.
Así, ante cualquier análisis, estudio o planteamiento de cualquier tipo que se haga sobre tal asunto, hay que tener siempre presentes las siguientes consideraciones fuera cual fuese la salida hacia la estabilidad (la paz no es termino del todo adecuado) que se pudiera propiciar y alcanzar, ya que, en ocasiones, ciertos intereses, generalmente políticos, pueden desviarnos de lo obvio al transformar tales fundamentos en “perogrulladas”.

Desde fuera <--------------------------> Desde dentro

Víctimas (directas e indirectas) <--> Terroristas (atentados selectivos/indiscriminados)
Agredidos (pacíficos) <---------> Agresores (violentos y asesinos)
Socialmente asentados en la democracia <---> Aislados y continuamente en fuga
Ideologías democráticas <------> Fanatismos
Legalidad política y jurídica <---> Ilegalidad de todo tipo
Aplicación de la legalidad a los terroristas <--> Aprovechamiento de la legalidad
Esfuerzo económico gubernamental <------ -> Financiación ilegal
Respuestas democráticas <-----> Respuestas antidemocráticas
Empleo de la palabra <----> Empleo de la violencia y de las armas
Justificación democrática <-----> Justificación amañada y antidemocrática
Unidad política y social <-------> Búsqueda de la división total
Apoyo gubernamental, institucional, asociativo <--> Apoyo de organizaciones afines
Apoyo social mayoritario <-----> Apoyo social minoritario y agresivo
Objetivo social: la estabilidad <--> Inestabilidad por el terror
Objetivo político: fin del terrorismo <--> Falso objetivo político unido a la violencia
Periodismo contra el terrorismo <--> Propaganda de todo tipo, necesidad de publicidad
Apoyo internacional contra el terrorismo <--> Relación con el terrorismo internacional
No es una guerra <--> Dicen estar en guerra. Son terroristas aunque, falsamente, se crean soldados revolucionarios o guerrilleros.
...................
Consideraciones generales planteadas en terminos didácticos, un tanto "maniqueas" a propósito, entre el si y el no, sin tintas intermedias, y fuera de relativismos, sólo para el caso de que el Estado que ve el terrorismo "desde fuera", tomado como modelo "académico" al caso, no sea un Estado opresor, que apoyado o no por una parte de su sociedad, empuje, por su violenta agresión a los derechos humanos, a una respuesta también violenta de toda o parte de la sociedad oprimida y masacrada por aquel (entonces "terroristas" para tal Estado).

sábado, 31 de mayo de 2008

LOS "CARROS ELÉTRICOS", VIVACIDAD EN LAS CALLES DE LISBOA


LOS “CARROS ELÉTRICOS”, VIVACIDAD EN LAS CALLES DE LISBOA

(Saudades)


Fernando Pinto Cebrián


Los tranvías (“os carros eletricos”), establecidos en Lisboa durante la segunda mitad del siglo XIX para resolver las necesidades de transporte derivadas del aumento de su población, cambió la forma de vivir de los lisboetas.
Primero aparecieron los llamados “ripert” o “americanos” y luego los de motor a vapor hasta que llegaron los “elétricos amarelos o vermelhos” (amarillos o rojos), que aún siguen, al lado de los más modernos, manteniendo una buena funcionalidad (transporte barato, muy popular, y que cumple) no carente de belleza, y rodeados de sentimentalismo.
Belleza, sentimentalismo y funcionalidad que llevan a sus patrocinadores a cuidar, a mantener la mecánica, a mejorar el brillante colorido,…, de los “elétricos” aún en vida, a emplearlos incluso después de su “muerte”, al menos algunos, como monumentos (como aquel que, durante cierto tiempo, se emplazó en las proximidades del Monasterio de los Jerónimos).
“Elétricos” que suponen un atractivo más dentro del tipismo lisboeta para los visitantes a la ciudad.
Todos quedan absortos ante su andariego “trique-traque”, ante la tintineante advertencia de su paso, ante el ruidoso esfuerzo de su motor en las pendientes,…, durante su recorrido por la “Rua das Escolas Gerais”, la “Carreira de Graça”, la “Rua da Junqueira”, la “Carreira de Belem”, y en el punto de encuentro de la “Praça do Comerço” o del “Terreiro do Paço”, o bien ante el equívoco de los elevadores, que más que tranvías podrían ser llamados “arrastradores”, de “Lavra” (1884), de “Gloria” (1885) o de “Bica” (1892), el más característico de la ciudad y al que cariñosamente se le denomina “caixote de sabao” (cajón de jabón) tal vez, al margen de su forma, porque algunos jóvenes emplearon un cajón de tal tipo para deslizarse por la pendiente,…
Viajar en ellos es todo un premio, no sólo por haber aguantado en las “bichas” (colas) para subir a ellos.
Su cansino caminar por las encarriladas “ruas” nos permitirá la contemplación de puntos concretos y paisajes urbanos plenos de sabor histórico, cargados de tradición,…, y nos ayudará a comprender en cierta forma las visiones y emociones de los antiguos usuarios y el porqué de los afectos actuales a tal medio de transporte.
Afectos de aquellos lisboetas que aún no quieren perderlos en la consideración de que son una parte esencial del alma de Lisboa. Afectos que oponen a las voces de quienes plantean su real utilidad en el futuro urbanístico.
Todo llegará. Pero dejémos que mueran, que pasen a la historia, con tiempo y dignidad.

miércoles, 14 de mayo de 2008

TERRORISMO Y GUERRA.TERRORISMO EN LA GUERRA


TERRORISMO Y GUERRA. TERRORISMO EN LA GUERRA

(Pensamientos iniciales)

Fernando Pinto Cebrián



TERRORISMO Y GUERRA:
En la actualidad, tras los atentados terroristas de Al Qaeda, se han establecido diversas conexiones nuevas, desde diferentes puntos de vista, entre los conceptos relativos al Terrorismo y a la Guerra.
En primer lugar, afirmando, de manera un tanto simplista, maniquea e interesada desde el lado terrorista, que tales atentados, realizados en nombre de Dios, suponen acciones de una guerra.
Guerra existente entre tal organización, que dicen representa a unas sociedades musulmanas afines, y la sociedad occidental que, dicen, aplica el terror sobre las primeras.
En segundo lugar, del lado de las víctimas, tomando la necesaria respuesta antiterrorista o contraterrorista como guerra contra el terrorismo.
En tercer lugar aplicando falsamente la concepción de guerra, en cuanto ligada a la actividad bélica de un movimiento de liberación. En este caso aquel, equivocadamente así tomado por Al Qaeda (u otros grupos similares), ya que dicen buscar las libertades perdidas ante occidente.
Y seguramente más consideraciones a tener en cuenta…
De manera que si las fuerzas militares de los países, afectados o no por el terrorismo internacional, sólo tenían antes ojos para las fuerzas correspondientes de los países potencialmente conflictivos, ahora incorporan a su lista de enemigos de guerra, ya declarados o posibles, a las entidades terroristas internacionales (algunos incluso las nacionales)
Así la relación entre el Terrorismo y la Guerra ha sufrido un cambio sustancial.
Ahora, al margen de que guerreen Estados contra Estados en la vigencia clausewitziana de la “guerra como prolongación de la política por otros medios”, existe también la realidad de la guerra de Estados contra entidades no estatales, individúales, aquellas de los terroristas, en cuanto consideradas una amenaza a la seguridad del Estado en el mismo nivel de otro Estado agresor.
Se produce así un cambio sustancial en el pensamiento profesional militar, al ser empujado por las actitudes de respuesta de los niveles políticos en el entendimiento de tal conflicto.
Entendimiento diferenciado que se crea ahora, al saltar los atentados de mero hecho terrorista, discriminado o indiscriminado, nacional o internacional,…, a hecho bélico tal y como antes se conocía.
Ampliación y cambio que llega a afectar a la dinámica militar y que hay que estudiar detenidamente para evitar, fuera de planteamientos teóricos, errores como los que ya se están produciendo, tanto militares como políticos.
Errores que han pagado, pagan y pagarán seguramente sociedades enteras durante mucho tiempo.
TERRORISMO EN LA GUERRA:
Desde atrás en los tiempos el terror, como un medio más, para alcanzar la victoria en las guerras estuvo siempre presente.
Territorios enteros eran dominados por la sola presencia de unas fuerzas enemigas conocidas por la violencia terrorífica de sus acciones.
Territorios luego mantenidos en la subordinación más denigrante bajo ese mismo terror trasladado a la política.
Usos y leyes de la guerra, y de la política, buscaron la desaparición de ese terror deshumanizado con logros bastante inciertos a la vista de determinadas situaciones bélicas actuales.
Así, por ejemplo, el tratadista militar español del XIX, el Brigadier Juan Sánchez Cisneros, en su “Ensayo de un diccionario razonado sobre la Ciencia de la Guerra” (1826), apuntaba en la voz “Terror de las Armas”: “Lo mismo que introducirlo en la provincia que se debe invadir; más por esto no se entiende el consentimiento de acciones crueles, devastar las campiñas a discreción, ni entregar al fuego ni al cuchillo las posesiones y vidas de los inocentes habitantes, muy al contrario, se ha de entrar de modo político y conforme al derecho militar, haciendo ostentación de las fuerzas, número y valor de sus soldados, e instrucción de los Generales y subalternos, y ponderando la justicia de su nación para hacer la guerra, etc. etc.” (Voz desaparecida de diccionarios militares posteriores).
Sin embargo, no hace falta más que atender a las constantes informaciones que nos llegan de los conflictos bélicos actuales para saber que todo ha quedado en mera intención.
Así, el terrorismo en la consideración de forma de acción del hecho bélico (aunque no figure en los reglamentos), no sólo como acción de un débil contra un fuerte, de “un David contra un Goliat” como se vino en tiempos a decir, dentro de una guerra revolucionaria, de insurgencia, de liberación nacional, de guerrillas,…, sino también como complemento de apoyo en las guerras regulares, convencionales,…, continua formando parte de los conflictos que se resuelven con las armas.
El terror, el terrorismo pues, sigue, de alguna forma, estando presente en las guerras.
Presencia terrorista en el hecho bélico, Terrorismo en la Guerra, que llevada fuera de ella, en la paz y en la idea para uno o ambos contendientes de que la guerra no ha acabado, ha ayudado a la equivocada comprensión, tal como antes apuntábamos, de que la lucha contra el terrorismo es una guerra, de que estamos en guerra, dando a los terroristas, como consecuencia, el nivel de potencia agresora.

La realidad conceptual y la realidad práctica, a pesar de sus contradicciones, mandan. Pero, “cosas veredes, amigo Sancho”…

miércoles, 30 de abril de 2008

ENCUENTRO


ENCUENTRO

(De “Pensamientos y Sueños”)

Fernando Pinto Cebrian

- Si vas a ir por aquel camino, no sigas ¡hazme caso!.
Al oír aquellas palabras reparé en aquel ser extraño, acurrucado en aquella bifurcación de caminos.
Parecía un hombre muy viejo.
Sin embargo, su voz cascada, susurrante y sus ademanes suplicantes, contrastaban con sus ojos vivos y llenos de rabia.
- ¡Rápido! ¡Explícame por qué! No tengo mucho tiempo que perder.
Realmente no quería escucharle, ¿para qué? Era joven y aquel viejo caduco no haría más que frenar mi impulso.
Sin embargo, aquellos ojos tenían algo que incitaban a detenerme.
- ¡Habla de una vez!- reiteré inquieto.
- Escucha caminante, yo voy de regreso, en su día ya hice el camino que hoy tu quieres iniciar…
- Eso no importa, ¡concreta! – demandé nervioso.
- Mírate en mí y escucha…
- Para lo que dices ya he perdido bastante tiempo. ¡Hasta nunca!
Y continué mi marcha y caminé cada vez más deprisa sin nunca mirar hacia atrás.
Pasaron los años.
Ya había perdido la cuenta de cuantos.
Sin apenas notarlo ya estaba de vuelta y me acercaba al final que en su día fue principio.
Viejo y cansado tomé la decisión de quedarme a la entrada, en aquella bifurcación de caminos, para aconsejar a todo joven caminante.
Y con los ojos brillantes por la rabia, recordé los de aquel otro al que, en su día, no hice caso.

lunes, 24 de marzo de 2008

EL TERRORISMO Y EL "ERROR EN LO DEFINIDO"


EL TERRORISMO Y EL “ERROR EN LO DEFINIDO”

(Un breve análisis conceptual)

Fernando Pinto Cebrián



Se comprende que definir, es decir, “fijar con claridad, exactitud y precisión la significación de una palabra o la naturaleza de una cosa”, es de absoluta necesidad, en cualquier lugar y en cualquier idioma, para poder entendernos.
Sin embargo se ha de comprender también que toda definición “per se” no es un hecho inamovible, sino que puede evolucionar con el tiempo, habida cuenta de que lo definido en un momento dado, con el paso del mismo, puede ser mejor conocido que cuando se definió.
Aparece así la concepción de la existencia, dentro de algunos términos definitorios desde su aparición, de un germen de error debido al desconocimiento parcial de la cosa definida.
Así pues podemos encontrar alguna voz, definida de antiguo, ahora redefinida.
Por otra parte, teniendo en cuenta la posible existencia de definiciones manipuladas por interés en un momento dado (sea éste el de la primera definición o el de las posteriores redefiniciones), el germen del error, el “error en lo definido”, se hace presente generalmente con el acompañamiento de los calificativos a la definición, debido a la posibilidad que encierran de ampliar lo definido en la dirección de lo opinable, de lo subjetivo.
Un ejemplo al caso antes de entrar en materia:
Podemos constatar que, el termino, antiguo en el tiempo, de “espía”, fuera de las consideraciones negativas o positivas que tal voz ha tenido en su evolución, algunas contradictorias, aparecía definido en alguno de los diccionarios del XIX como “el individuo (oficialmente conocido como “confidente”) que por oficio y por lucro observa los movimientos y los sucesos de un Ejército o tropa en campaña” (oficio ennoblecido cuando era realizado por Oficiales sin ánimo de lucro).
Hoy día, sin olvidar el de “espía”, es un término, ampliado a la paz, sustituido (redefinido) por el eufemismo de “agente”, “agente secreto”, “agente de información-inteligencia” (todos, unos y otros, en el caso de ser detenidos por el “enemigo” en el ejercicio de sus “funciones”: “espionaje”, son siempre calificados de “espías” por su actividad, sin importar que sean funcionarios, contratados, comprados, etc.).

Por terrorismo, sin calificativos que condicionen su definición más pura, en su definición esencial (sin importar causas y objetivos particulares), se ha entendido, desde mucho tiempo atrás y por varias generaciones, “la sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”, “ejercer el terror para obtener determinados fines”, la “dominación por el terror”,… (terror siempre violento).
Hasta aquí coinciden todos, desde particulares con cualquier nivel de formación a organismos oficiales.
Pero, ¿qué es lo que ha cambiado? ¿Se puede decir, como admiten algunos, que ahora (precisamente ahora, tras el 11-S y atentados subsiguientes) estamos ante un “nuevo terrorismo” que precisamos redefinir?
El aumento de la capacidad destructiva de algunas de sus acciones, la ampliación al campo internacional, el crecimiento del número de objetivos,…, es considerado por algunos analistas como lo “nuevo” en relación con el terrorismo “antiguo”.
Sin embargo su “novedad” es un tanto aparente ya que tales “novedades” no son tan “nuevas” (repásese la historia del terrorismo) y, además, el hecho terrorista actual continua siguiendo al pie de la letra la definición antes apuntada.
Incluso sus motivaciones o causas (políticas, religiosas, económicas, sociales,…, o sus diferentes combinaciones), empujen o no a una guerra, siguen siendo, de un modo u otro, las mismas de siempre.
“Los mismos perros con distintos collares”.
Pero, ¿qué es lo que pasa entonces, cuando un organismo como la ONU no llega a terminar de definir de forma clara y precisa, convenciendo a todos, tal término?
Si el concepto ya estaba definido, ¿donde está el “error en lo definido” para la nueva definición o redefinición que ahora se busca?
Resulta un tanto inexplicable que hasta el momento no exista ninguna definición aceptada en el seno de la ONU a pesar de que tal organismo lleve más de treinta años aprobando resoluciones sobre el terrorismo.
Ciertamente, si nos salimos de la definición del terrorismo esencial, la multiplicidad de definiciones acuñadas por historiadores, periodistas, políticos y expertos múltiples nos abruman.
Pero todas ellas tienen un punto en común, aquel de variar aparentemente la definición esencial (dejando lo inamovible de la misma) al centrarse más, con mayor o menor detalle, en determinadas peculiaridades, propias de los calificativos añadidos (terrorismo “nacional”, “internacional”, “político”, “religioso”,…).
Así, unas definiciones se “amplían” al orientarse hacia las motivaciones (políticas, religiosas, nacionalistas,…), otras hacia las características peculiares del mismo (regional, nacional, regional o nacional con bases en otros países, internacional,…), hacia sus métodos predominantes de acción (asesinatos individuales o colectivos, indiscriminados o selectivos,…) o a su nivel de actividad (muy alto, alto, moderado, bajo,…), etc., o bien una mezcla clasificatoria de todas ellas.
Pero la existencia de tantas definiciones teóricas, generalmente producidas del lado contraterrorista, no es óbice para intentar bajarnos de tal “Torre de Babel”, sobre todo teniendo presente la absoluta necesidad de una definición única y consensuada como elemento crucial para tratar de coordinar toda la colaboración internacional en la lucha contra el terrorismo.
Sin embargo, el “error en lo definido” no está del todo ahí. Aclararnos entre tantas definiciones teóricas no sería un gran problema.
El “error” hay que buscarlo en los intereses (políticos generalmente) de algunos de los definidores, de aquellos (no precisamos nombrarlos) que, empeñados en la lucha contraterrorista actual, en múltiples ocasiones y en la historia reciente, han teorizado, practicado y empujado a otros a practicar una violencia terrorista que decían, y aún hoy lo asumen, estar justificada.
En aquellos que no quieren que nada se defina o se redefina por cuanto no quieren que, en atención a sus intereses en juego, determinadas acciones, en la base de una definición sencilla del terrorismo, puedan ser calificadas por la comunidad internacional de terroristas.
Esta indefinición pues, apoyada en un “error – consciente- en lo definido”, por muchas listas de grupos terroristas que se confeccionen, guerras contraterroristas que se anuncien,…, debilita la necesaria unidad contra el terrorismo venga de donde venga y puede llegar a condicionar en algún momento determinadas acciones preventivas y/o ejecutivas contra el mismo.
Indefinición que sólo ayuda a los terroristas en sus argumentaciones.
Así, por el lado contrario, el terrorista, también encontramos definiciones, en su mayoría “justificativas”, por contra a las definiciones “acusatorias” de aquellos que sufren su actividad terrorista.
Y para ello encajan su injustificable actividad en la “violencia revolucionaria”, en las “acciones armadas de liberación nacional”, en acciones violentas de la insurgencia armada”, en “acciones de guerra de guerrillas (rurales y/o urbanas)”, en “acciones complementarias a una guerra regular o irregular”,…
De todas formas, es claro que aquí ya no estamos en el “error EN lo definido” sino, por la deformación de la definición esencial, en el “error DE lo definido”.

Y mientras tanto, menos mal que aquellos que luchan contra el terrorismo día a día sin definición teórica o académica, fundamentados sólo en la definición que pauta la realidad, no dudan en saber lo que, en la praxis, la sociedad les demanda.

miércoles, 13 de febrero de 2008

EN TORNO A LA "CAIPIRINHA"


EN TORNO A LA “CAIPIRINHA”

(Artículo “Burgense” DB)

Fernando Pinto Cebrián

(Dedicado a L.M y J.A)


Conocido el placer de degustar en Brasil una buena “caipirinha”, bebida popular en el sentido de amplitud social sin demasiadas consideraciones económicas, no extraña que cuando se pregunta a un brasileño fuera de su país por lo que más echa en falta, responda, entre otras cosas (el sol, la música, las mujeres, el fútbol, la alegría de vivir,…), en dirección a tal combinado.
“Mistura” (mezcla), divina o diabólica según nos citemos con ella, que nace de la unión, simple pero en justo equilibrio, de productos autóctonos difíciles de imitar en otras partes del mundo.
Por una parte, lo básico y fundamental, el “cuerpo y espíritu” de la bebida, el “aguardente, cachaça, pinga (el término más corriente junto con los dos primeros), branquinha, abrideira, água-bruta, água-benta, água-de cana, água-que pasarinho nao bebe, arrebenta-peito, caninha, tira-teina, suor de alambique,…” Nombres populares para definir el aguardiente de caña de azúcar.
Por otra parte el “limao”, limón brasileño a emplear verde, de piel brillante, pequeño y redondo, ácido y menos dulce que los maduros (denominados “galegos” por su color amarillo en recuerdo al pelo rubio de algunos de tales españoles), de diferente sabor a los conocidos en otros lugares del mundo. Limón que anima y a la vez atempera el aguardiente.
El azúcar, por supuesto también de caña, y el hielo para, refrescar, lógicamente de acuerdo con el clima, pero sin triturar como se suele hacer generalmente fuera de Brasil, ponen conjuntamente la “guinda” final a la “caipirinha”.
Beber “pinga” siempre ha sido común entre los “caipiras”, campesinos (según el diccionario brasileño: gente que vive en el “mato” -campo- y del mismo; también llamado “matuto” o “rociero”), gente del pueblo. Acercando a nosotros el significado, en ocasiones bajo la consideración (no siempre) de ignorantes, tímidos e ingenuos (“acanhados” según su expresión), una especie de “paletos”.
De ahí, de “caipira”, que, su bebida, ya “sofisticada” (no se conoce ni como ni cuando se concibe como tal), se denomine “caipirinha” (término que no aparece en todos los diccionarios brasileños).
“Sofisticación” que llega a su grado máximo cuando saliéndose de la “bebida madre” se emplea, por capricho y sibaritismo urbanos (tras la exportación de la “pinga” a la ciudad), Vodka o Rón en su confección, apareciendo entonces las denominaciones respectivas de “caipirosca” y “caipiríssima”.
“Sofisticaciones” todas ellas que arrebatan al que las prueba (siempre en la medida justa), llegando a ser, por su relativo bajo precio en comparación con otros combinados, el agradable apoyo a un buen aperitivo, ser copa única o únicas (se aconseja no mezclar) en festejos, en las “escapadas” a la tensión del trabajo, e incluso en aquellas noches donde como inquieto duende, engañando al tímido, al inexperto, le lance a bailar una “lambada” (“choque” según el diccionario brasileño)…, y a conseguir que el extranjero residente, al salir de Brasil, llegue también a notar su falta, a tener “saudade” de cuanto gratamente rodeaba a la “caipirinha”, dentro de ese espacio físico y espiritual de agradables relaciones, espacio personal, compartido a veces, pequeño o grande según cada uno, y que, en este sorprendente país, puede ampliarse hasta el infinito.

miércoles, 6 de febrero de 2008

ANOTACIONES SOBRE EL FENÓMENO GUERRILLERO EN LA PROVINCIA DE BURGOS DURANTE LA GUERRA DE INDEPENDENCIA (Y III: Las causas del fenómeno)


ANOTACIONES SOBRE EL FENÓMENO GUERRILLERO EN LA PROVINCIA DE BURGOS (Y III: Las causas del fenómeno)


(Artículo DB “Especial Domingo”)


Fernando Pinto Cebrián


Este tema se suele estudiar bajo los dos clásicos puntos de vista: el general y el particular.
Desde el primero, señalaremos aquellos que hicieron capaz la existencia de tal fenómeno:
1) El sentimiento de impotencia para salvar a la Patria después de las derrotas de Zorroza, Gamonal y Tudela.
2) La escasez de recursos para reconstruir un fuerte Ejército nacional.
3) Los excesos cometidos por los franceses (el mismo Napoleón reconoció en sus “Memorias”: “Las guerrillas se formaron a consecuencia del pillaje, de los desórdenes y de los abusos de que daban ejemplo los mariscales, con desprecio de mis órdenes más severas”).
4) La presión ejercida sobre el pueblo con la ocupación.
5) El sentimiento general popular de rechazo ante lo señalado en los apartados anteriores (dicho sentir fue el que dio el carácter de espontaneidad al fenómeno guerrillero).
Consideraciones, todas entrelazadas, que crearon un ambiente general que estimuló de forma particular a cada hombre según viera afectada su familia, su entorno social,…
En nuestros guerrilleros, aquellos que actuaron en la provincia de Burgos, encontramos dos motivaciones que, complementándose entre sí, les empujaron a la guerrilla: el patriotismo y la venganza.
El “Empecinado” parece que se apoya más en el primero: se lanza a la guerrilla antes del 2 de mayo de 1808, consciente de que era la única solución viable para salvar a España, pero también contará con el odio al francés adquirido antes en la Campaña del Rosellón.
En el “Cura Merino”, sin embargo, está más clara la motivación de la venganza: los franceses, en enero de 1808, al no encontrar los suficientes medios para trasladar sus bagajes en su pueblo natal (Villoviado), obligaron a los vecinos a transportarlos; entre ellos se encontraba Merino, al que sacaron de la Iglesia donde oficiaba la Santa Misa; después de soportar en el camino a Lerma todo tipo de burlas y vejaciones, consiguió escapar y, jurando venganza, comenzó su andadura como guerrillero.
De una forma u otra, todos los futuros guerrilleros, abandonaron la “comodidad” de sus hogares por una causa prioritaria en su escala de valores.
Los comienzos fueron tímidos, pocos se lanzaron antes de 1809, sin embargo una vez iniciado el fenómeno, como si de un alud de nieve se tratara, fue imparable: el ejemplo de los primeros arrastraba al campo a los demás, ansiosos de emular sus hazañas, la sola condición de español bastaba para unirse a la guerrilla, no se tenía en cuenta ni el origen social, ni la edad.
Muchos burgaleses, como expresión de su rebeldía, nutrieron las guerrillas que recorrieron la provincia.
Tal fue el crecimiento de las mismas que se hizo necesario legislar su presencia y actividad en evitación de bandidajes y en la procura de una mejor colaboración con el Ejército regular.
Con leyes o sin ellas, Juntas como las de Burgos, Aranda, Roa, Lerma y otras, canalizaron los apoyos a nuestras guerrillas en información, víveres, dinero,…, desde los comienzos.
Guerrillas burgalesas que con su actividad, junto a aquella de las otras repartidas por el territorio nacional, hicieron que Napoleón denominara la situación creada por el conjunto del fenómeno guerrillero de “avispero español”.